El proceso de lectura

Cuando leemos un texto, lo hacemos de manera tal que nuestros ojos recorren la composición tipográfica realizando una serie de saltos denominados sacádicos que abarcan varias letras e incluso pueden abarcar varias palabras. Cada tanto el ojo realiza algunas fijaciones, en ciertos puntos conflictivos o de tensión, e inclusive puede realizar algunas regresiones, para repasar y corroborar lo ya percibido. Al llegar al final de la línea, el ojo efectúa un gran salto hasta el principio de la línea siguiente. Las fijaciones y las regresiones, en general, son sumamente breves, aunque dependen de las condiciones de lectura y de la complejidad del texto.

Expresa Jost Hochuli que «Cuanto más experimentado es un lector, tanto más cortos son los períodos de fijación y más largas las sacadas. Cuando las sacadas son demasiado largas o los períodos de fijación demasiado cortos, es decir cuando la velocidad en la lectura es excesiva, hay que “adivinar” el texto» (El detalle de la tipografía, Ed. Compugraphic, 1987-2001).

Imagen basada en estudio de velocidad de lectura, Humanist laboratoriet, Universidad de Lund. (2005)

Si bien es cierto que el contexto siempre nos da indicios que permiten la comprensión de un texto, si el sentido del mismo no es interpretado con claridad, el ojo realiza algunos regresos y fijaciones para rectificar o confirmar la lectura realizada.

Asimismo, Matthias Hillner expone el postulado del teórico de la literatura Wolfgang Iser, planteando que «cada frase contiene unas pistas de la siguiente denominadas “indicadores semánticos”. Estos indicadores provocan que el lector realice presunciones en torno a las frases por venir. Puesto que las expectativas del lector dependen de su conocimiento y experiencia personales, cada lector interpreta una frase de manera ligeramente distinta. Leer, por consiguiente, no es un proceso pasivo y unidireccional. Depende del lector, quien debe usar su imaginación para reconstruir el significado.» (2009, p.124)

Estructura y apariencia

En el ejercicio de la lectura reconocemos grupos de siluetas primarias o grupos de formas tipográficas. Esas siluetas primarias están relacionadas con la forma básica y fundamental de las letras, es decir, con su estructura. Es la estructura o esqueleto de la tipografía lo que nos permite comprender a la letra como tal.

El receptor, con el paso del tiempo, va almacenando en su memoria, a través de sucesivas asociaciones y aprendizajes, la silueta primaria de las letras, de las sílabas y de las palabras. Cuanto mayor sea la experiencia que tenga el receptor en relación con la lectura, los saltos sacádicos serán de mayor amplitud y por lo tanto la lectura será más veloz.

La «vestimenta» o morfología externa que recubre la estructura básica genera una apariencia particular, que permite reconocer en la letra un estilo tipográfico. Esa apariencia se hace visible gracias al contraste ejercido entre la forma y la contraforma.

La estructura o esqueleto determina la forma básica de la letra, mientras que la apariencia o aspecto formal define el estilo tipográfico.  La letra se comprende como tal a través de la estructura. La apariencia se visualiza por medio del contraste entre forma y contraforma.

La morfología externa o apariencia determinante del estilo tipográfico no perjudica, o no debería perjudicar, el proceso de lectura. Justamente, el límite para el juego de la manipulación morfológica de una tipografía es su legibilidad y su inteligibilidad.

Es decir que si por su apariencia, ya sea por faltantes o por superabundancia de elementos, no es posible identificar la estructura básica de una letra, la misma deja de ser tipografía para pasar a ser un grafismo. 

Afirma Adrian Frutiger que: «Una escritura de éxito es leída por millones de personas y deja su impronta en el esqueleto estructural presente en cada lector. Si se producen innovaciones formales demasiado atrevidas, por ejemplo, o se da una gran deficiencia cualitativa, la escritura choca en el lector con cierta resistencia y el proceso de lectura resulta obstaculizado». (1981, p.149)

La estructura determina la forma básica de la letra mientras que la apariencia define el estilo tipográfico
Conjunto de elementos no tipográficos que presentan cierta relación con las estructuras tipográficas. Esto permite que esas diversas imágenes puedan ser reconocidas como letras, posibilitando su lectura

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